Como debe de ser

11 Abr 2021
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CHIHUAHUA CHIH.- Desde tierna edad este muchacho tenía claras las cosas; que luego no las manifestara, ha de ser porque así procesa los hechos en su pensamiento, pero sin duda le quedan claros los principios y valores, algo que luego ya no es tan común en las sociedades latinoamericanas hoy en día, por desgracia.

Ya hacía hambre; con la intensión de comer algo, el niño, de nueve años de edad, llegó al puesto donde vendían golosinas y refrescos a la hora del recreo en la escuela primaria.

Se sorprendió cuando, apilados en la barra de lámina, encontró 13 pesos en monedas. Había bastantes niños y niñas agolpados frente al puesto y por eso volteó tratando de dilucidar de quién podrían ser los 13 pesos, pero no logró captar ninguna seña o gesto al respecto. Tomo las monedas.

Era el inicio del mes de septiembre. Para Ricardito era su primer día de clases en esta escuela, después de que hubo la necesidad de cambiarlo del otro colegio en el que había cursado desde preescolar; ahora llegaba al quinto de primaria a otro colegio; no conocía a nadie aquí.

Con el peculiar hallazgo en su poder, el muchacho se dirigió a la oficina de la dirección de la escuela y ahí entregó al director las monedas y le explicó que las encontró en el puesto del patio y que aparentemente alguien las dejó ahí, pero que no pudo saber de quién serían los 13 pesos, por lo que pensó que lo mejor era entregarlos en la dirección y por eso estaba ahí. El director le agradeció la acción sin más de momento.

Ricardo se apresuró a pasar de nuevo por el puesto, comprar algo para comer rápido y estar listo al momento de regreso a clases, pues, sin querer, el incidente de las monedas encontradas le consumió buena parte del tiempo del recreo.

Ya estaba sonando el timbre, ese que para los chicos puede significar buenas o malas noticias, según indique el fin o el inicio de las clases. Ahora indicaba el regreso a clases después del recreo de media mañana.

Por el altavoz un maestro señaló a todo el plantel que, en vez de pasar a sus salones como era costumbre, hicieran filas por grupos en el patio de la escuela, así como hacen paro los honores a la bandera los lunes. Se trata de un liceo que cuenta con pocos alumnos en cada salón, de manera que en unos instantes ya estaba toda la escuela en la formación acostumbrada.

El director tomó el micrófono para decir a todos: “Quiero informarles algo peculiar que ha sucedido; un compañero de ustedes, que apenas se integró a este liceo y que está en su primer día de clases con nosotros, se encontró 13 pesos en el puesto de venta para el recreo.”

Vino conmigo a la Dirección -continuó el director- y me trajo las monedas, pues él piensa que, si no son de él, de alguien deben de ser; ¿Alguien perdió estos 13 pesos o los dejó olvidados en el puesto?.”

Inmediatamente saltó un chiquillo de los primeros años de primaria y reclamó el dinero que no sabía en dónde habría perdido. Ahí tenía pues de regreso sus 13 pesotes.

Salvada la pérdida, el maestro dijo: “Los he reunido a todos no solamente para entregar estas monedas, sino sobre todo para destacar la conducta de nuestro compañero que ha hecho las cosas como debe ser, nos ha puesto un ejemplo de honestidad y respeto, valores que todos debemos conservar siempre en nuestra vida para beneficio de nuestra sociedad, para la mejor convivencia”.

Enseguida pidió a Ricardito pasar al frente, al centro del patio, para que todos lo conocieran y le hicieran un reconocimiento por su conducta, el cual se concretó en un nutrido aplauso por parte de toda la escuela.

Ricardo curso dos años en este liceo en la Ciudad de México, donde continuó felizmente con su formación e hizo grandes amigos entre los compañeros y los maestros.

Cuando este incidente sucedió, aún le apesumbraba mucho el cambio de escuela y añoraba a sus anteriores compañeros, pero bastaron unas cuantas semanas para que ya tuviera nuevas y gratificantes amistades, junto a las cuales aprovechó estos cursos para aprender y crecer.

Cuando encontró las monedas, Ricardo solamente hizo lo que correspondía, pero el caso pone en evidencia el deterioro de principios y valores en nuestra sociedad, ya que una conducta que debiera ser común, ameritó hasta un reconocimiento público, pues, por desgracia, lo ordinario es aprovecharse de lo que se encuentra, sin pensar que pertenece a un semejante.

Como Ricardito, serán estas nuevas generaciones las que cambien este mundo, si es que se rescatan los valores en la sociedad. Confiemos en que así suceda, para beneficio de todos.

Por Luis Silva

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Redacción de Codigo Tres

 

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