Columna Hipótesis: De la soberbia de Corral a la de Loera

08 Jun 2021
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NO CABE duda que el poder modifica conductas y puede llevar de la incongruencia a la vileza. Juan Carlos Loera de la Rosa, candidato del Morena a la gubernatura, lo tuvo de sobra. Eso le pudo haber provocado la derrota.

El domingo por la tarde-noche, después de la elección salió a los medios de comunicación para declarase con un triunfo irreversible, se vale, siempre se mantuvo como el segundo en la competencia y algo había que decir al calor de la contienda y con la música del mariachi de fondo.

Ya entrado en la celebración, le bajó de tono y a su “triunfo irreversible”, declaró de nuevo, pero en el sentido de “cinco puntos” porcentuales sobre la candidata de PAN-PRD, María Eugenia Campos Galván.

Juan Carlos sabía desde las 15:00 horas del domingo, que no habría posibilidades de triunfo, las cuentas que se le reportaron desde el cuartel de Morena, dieron cuenta de ello.

Sin embargo, había que hacer ruido, declararse vencedor, para ahora sí cuando es superado por más de 150 mil votos, aceptar la derrota, pero advertir que judicializará el proceso a través de la impugnación y/o denuncia. Culpa al IEE y hasta el INE.

Con ese hándicap en contra por los votos de Maru, la alta participación ciudadana que ya supera el 50 por ciento y una elección limpia no dan para denuncias, la pregunta de cajón es qué va a impugnar Loera.

Por la historia de las campañas de López Obrador, conocemos que cuando Morena pierde, siempre impugna, toma las calles, piden recuento de votos por voto y casilla por casilla y cosas así. No sabe o no quieren perder, la tranza se impone cuando alguien diferente gana.

Esperemos que eso no se presente en Chihuahua, tan castigada por los gobiernos de Duarte Jáquez y Javier Corral.

Ahora se requiere cohesión social, ojalá que Loera de la Rosa lo entienda. Cierto que el poder envilece, pero la derrota golpea la soberbia y la obsesión, reacciones no son de diagnóstico sencillo.

HAY que darle crédito al profesor Martín Chaparro, al tratar ahora de explicar la derrota de Loera de la Rosa, cuando señalaba que el candidato de su partido fue el peor, además de una errónea imposición desde Palacio Nacional.

Los dijo que otras palabras, pero tampoco se vale hacer leña del árbol caído. Como bien lo dijo AMLO en la mañanera, esto también es democracia, aunque cale.

El propio Loera lo dijo mil veces en su campaña: En Chihuahua el pueblo manda, ¿Y luego?, aceptarlo es congruencia, o sólo fue un trivial lema de campaña en el que por cierto nadie creyó.

Los números de la elección están a la vista y en la real democracia, no son para calificarlos, sólo para contarlos.

POR CIERTO hablando de congruencia y coherencia que al final del día es lo mismo, hay que reconocer el valor y la honestidad política del candidato de Morena PT y Nueva Alianza, Marco Adán Quezada Martínez, al aceptar que el voto del pueblo no lo favoreció.

Sin llorar como se decía en la secundaria, Quezada reconoció al final del día “D”, que los números estaban muy lejos para alcanzar la victoria electoral.

La madurez y altura política, quedó de manifiesta, sin pataleo o amenazas de impugnación. Las cosas no se le dieron. Reconocerlo habla de un buen político y extraordinario chihuahuense.

Dar el crédito al vencedor, en este caso el candidato del PAN, Marco Bonilla Mendoza, desprende el respeto y agradecimiento del colectivo, hoy cuando la capital (y el estado) requiere de cohesión, trabajo y participación de todos los ciudadanos.

ANTE los resultados oficiales que hasta ayer se conocían, el gobernador Javier Corral, no le quedó más que reconocer el triunfo de su perseguida política y compañera de partido, María Eugenia Campos Galván.

Con visible molestia y hasta rostro desencajado, ahora, para justificar el reconocimiento, se declara demócrata, muy al estilo de López Obrador, obediente de la voluntad popular.

Ya se sabe que lo expresó de dientes para afuera; aún confiaba en que Loera de la Rosa iba a triunfar y frustrar el proyecto de Campos Galván, la enemiga número uno”.

Sigue con su encono  y empecinamiento. “Le llamaré cuando sea necesario”, así lo dijo y volvió a la cantaleta de la desgastada bandera en contra de la corrupción, en donde, y así lo advirtió, seguirá tras la ganadora de la contienda hasta el último día de la administración estatal.

Corral no obsequia según se entiende en su advertencia, ni un aliento a la virtual gobernadora electa, su obsesión no tiene límite.

Tal vez, no asimila que en semanas se va y que las circunstancias van a cambiar de manera radical, en donde ser perseguidor puede acabar en perseguido.

Columna Hipótesis de www.acento.com.mx 

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Redacción de Codigo Tres

 

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